Duelo
He estado pensando en el tipo de cosas que nunca terminas a tiempo…
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Primer Acto
Escena I
La Llamada
La tarde cae bañando la ciudad en sombras. En los suburbios, alejada de la urbana tempestad, se encuentra una casa. Es grande, como todas las que la rodean, un poco lujosa, en una zona de renombre. Una casa como cualquier otra a simple vista. Pero este día la casa es diferente a las demás. Solo en ese hogar se puede oír un gran ajetreo y hoy es el dia que Alex recordara toda su vida.
Padre de Alex: “Alex, ¿cuántas veces te he dicho que debes sacar a pasear al cachorro?” su voz es dulce pero firme
Alex: “Lo siento papá, lo llevare al parque en seguida” Alex es un chico de 14 años de edad. Su cabello rubio y ojos verdes resaltan siempre sobre su aperlada piel y delgado cuerpo. Su padre, Nathan, en cambio es un hombre joven, apenas 29 años de edad. Su cabello es oscuro y sus ojos de un color miel con una mirada tranquila.
Padre de Alex: “Alex” se acerca a su hijo mientras el pequeño preparaba la correa para el cachorro. “Recuerda, tener una mascota es una responsabilidad. Debes cuidar bien de el, ese fue el trato, ¿de acuerdo?”
Alex: “Si papá. No volverá a pasar lo prometo” el pequeño abraza a su padre fuertemente y sale de la casa junto con el cachorro.
Justo frente a la casa, se encuentra el parque de la colonia rodeado de las demás viviendas. Es una zona segura, y el alumbrado público ilumina cada rincón de aquel parque mientras las familias se disponían a disfrutar de una caminata o llevar a los pequeños a los columpios. Por desgracia, Nathan tenía demasiado trabajo el día de hoy, y aunque ama acompañar a su hijo al parque, más que nada en el mundo, este único día debió privarse de tal actividad y dedicarse a teclear en su computadora. Cosas de adultos que prometen un futuro mejor tanto para el como para Alex.
Mientras Alex camina con su pequeño cachorro se da cuenta lo mucho que desearía tener un vecino con quien jugar.
Escena II
Una Mera Coincidencia.
-¡Nate!, vamos, no querrás llegar tarde a tu gran noche -la madre de Nate grito tan fuerte que su esposo dejo caer las llaves del auto debido al susto-.
-Hola familia -un chico entro en la casa, vestía tan elegante como los padres de Nate.
-Bud cariño, que bueno que llegas. Espero tu puedas apresurar a Nate o no llegaremos.
-Claro señora, subiré por él.
La habitación de Nate se encontraba en el segundo piso, y aunque usualmente había algo de desorden, esta noche semejaba a una zona de guerra. Nate trataba en vano de hacerse el moño de la corbata, estaba demasiado nervioso. Había esperado este día durante todo el año y había trabajado tanto para lograrlo.
-¡Nate! -Bud entro en la habitación y cerro la puerta tras él- Tus viejos comienzan a ponerse nerviosos allá abajo.
-¿Tienes los boletos del banquete?
-No te preocupes amigo, los tengo aquí mismo. Cuatro boletos. -dijo enseñándoselos a Nate y después los guardo de nuevo en su bolsillo-.
-¿Mamá y Papá están listos? -Nate salió de su habitación y fue directo al cuarto de baño-.
-Te están esperando.
-¿Cómo me veo?
-Estás bien
-¿Mi aliento?
-Estoy seguro que perfecto -dijo alejándose un poco de Nate entre burlas-.
-Creo que entonces, es hora de irnos -hizo una pausa-. ¿Tienes los boletos?
-Si aquí los tengo.
Al bajar las escaleras, los padres de Nate ya se encontraban esperando fuera de la casa. -“La gran noche al fin”- pensaba para sí mismo Nate. Los cuatro subieron al auto, estaban todos tan felices aquella tarde. Sus padres, orgullosos de su hijo. Su mejor amigo, que lo acampanaba en este día tan importante.
-¿Qué hora es? -preguntó Nate-
-Las seis con treinta minutos -contesto de inmediato su madre-
-¿Qué? Aun falta una hora para el banquete. No creo que debamos llegar tan temprano -dijo preocupado-
-No te preocupes hijo -su padre hablaba con un acento orgulloso- Aun tenemos que hacer una ultima parada antes del banquete.
He estado pensando en el tipo de cosas que nunca terminas a tiempo…
…esta es una de las que más me arrepiento

En fin… Linaje si terminare de escribirlo…