Perfecto
Un día llegué a su casa, llegué a su casa confundido… lo recuerdo a la perfección…
Llegue a su casa al medio día, había pasado una semana sin ver su rostro, sin oír su voz…. Había pasado una semana evitándolo. Me sentía apenado y confundido por lo que había pasado. Martes era el día en que llegue a su casa. Martes era el día en que me detuve frente a su cochera y observe el altima negro… su altima negro.
Toqué a su puerta con miedo, una clase de miedo que nunca antes había sentido. Pensé que no tendría el valor para verlo a los ojos, pero me equivoque, y cuando abrió la puerta fui subiendo mi mirada. Primero vi sus tenis, blancos, de una marca sin importancia. Después su pantalón, perfectamente planchado, de mezclilla azul oscura sin deslavar. Su camisa era de una malla negra, como las redes en el interior de un traje de baño, dejando ver su pecho a través de los agujeros. Por primera vez, ese pequeño vistazo de su piel me hizo temblar. Sobre su camisa tenia un chaquetín oscuro con un bordado, el dibujo de un Tigger roquero. Sus labios rojos, hermosos, deseables… Sus ojos de un verde brillante, más bellos que la más fina esmeralda. Su cabello rubio oscuro, delicadamente alborotado ocultaba su mirada, que compartía el mismo miedo que yo sentía.
Por un largo rato me quede mirándolo en silencio, confundido, y él hizo lo mismo… ¿Pues que más podríamos hacer? Pero entonces, fue él quien despejo toda duda y dijo -“Mario” -, al escucharlo lo mire expectante y continuó tras una pausa -“Creo que” -. Armándome de valor lo interrumpí diciendo -“Estoy enamorado de ti” - y con cada palabra escapando de mi boca sentí una increíble energía que comenzó a formarse dentro de mí. Él solamente dijo -“Creo que yo también, no, no creo. Estoy enamorado de ti”-.
Al escuchar estas palabras cerré la puerta tras de mi. Me acerqué a el, ambos temblábamos, incluso cuando no era algo nuevo el acto, el sentimiento era totalmente ajeno a cualquier cosa que hubiésemos sentido antes. Puso sus manos en mi pecho y se recostó sobre ellas en otro momento melancólico y silencioso, entonces dijo en voz baja “Perdóname”. Lo mire frente a frente, le aparte el cabello del rostro y comencé a acercarme temeroso a sus labios. Fue así que probé por primera vez sus labios y después busque confundido su mirada. Solo podía pensar en como había reaccionado él… ¿lo habría aprobado? o ¿Acaso acababa yo de cometer un terrible error? Pero sus ojos hábilmente contestaron mi pregunta, y sus labios correspondieron mi beso. Aquella energía dentro de mí comenzó a aumentar y mi lengua comenzó a probar el sabor de sus labios mientras sus manos comenzaban a hacerse camino bajo mi camisa. Aunque era un día frío, sus manos eran tibias, esparciendo su calidez por mi espalda. Mi lengua se había abierto camino a través de sus labios y mis manos acariciaban su camisa de malla. Fui bajando mis dedos hasta llegar a su pantalón, pude sentir su cartera bajo la mezclilla. La extraje y la deje caer, remplazándola con mi mano dentro de su bolsillo trasero. Su boca pasó de mis labios a mí cuello mientras la mano que aun me quedaba libre comenzaba a bajar por su espalda hasta llegar también a su pantalón… adentrándose, tocando su piel, sintiendo como se estremecía su cuerpo al contacto de mis dedos.
Retire su chaqueta rápidamente y comencé a recorrer todo su cuerpo con mis manos. Él solamente se dejaba llevar mientras me abrasaba y a acariciaba mi cabello. De repente me detuvo, me miro a los ojos y me dijo -“vamos a mi cuarto” -.
Subimos a prisa las escaleras y entramos a su habitación. Caímos sobre la cama y me pose sobre él, mientras colocaba sus piernas alrededor de mi cintura. -“Espera” - me dijo. Y pidió q cerrara mis ojos hasta que me indicara lo contrario. Así lo hice, y por unos segundos me quede recostado, escuchando toda clase de sonidos mientras la luz escapaba de la habitación. Pude sentirlo sobre mí una vez más, se acerco, me beso y me susurro al oído -“Despierta mi dulce príncipe” -. Al abrir mis ojos el cuarto estaba casi oscuro, a no ser por unas cuantas velas que iluminaba la habitación levemente. Y ahí estaba él, sus ojos verdes brillando en la oscuridad, su piel reflejando el fuego de las velas. Y su sonrisa perfecta totalmente ahí para mi. Se acerco de nuevo y me dijo al oído. -“esta vez si será perfecto” -. Lo gire hasta quedar sobre el y le dije -“Mientras tu estés aquí, todo es perfecto” -.
Lleve mis manos a de nuevo a su pantalón y desabotonándolo las introduje en interior de su ropa. Sentí de nuevo su piel, calida, suave, perfecta. Y mientras mis manos jugaban bajo su ropa, pude ver en su cara como se escapaban suspiros mientras cerraba sus ojos. Lleno de lujuria, lleno pasión… lleno de amor. Dejándose llevar por el deseo, desabrochó mi camisa y pude sentir su aliento recorrer mi pecho y mi abdomen. Su lengua probando cada centímetro de mi piel hasta ahora descubierta. Una vez más giramos y se posó sobre mi mientras se despojaba hábilmente de su camisa, recostándose entonces sobre mi y plantando de nuevo un beso en mis labios. Sentir su pecho desnudo junto al mío era increíble. Sus manos bajaron por mis costados hasta desabrochar mi pantalón y comenzamos a jugar como dos niños, dando vueltas en la cama hasta quedar enredados en la sabana. Reímos y por ese momento, su risa fuel el sonido más dulce, la canción mas hermosa que jamás había escuchado… y que aun ahora sigo escuchando en lo profundo de mi corazón. Nos reacomodamos en la cama y nos refugiamos bajo las sabanas que eran duras como la piedra comparadas con la suavidad de su piel.
De nuevo me coloqué sobre él y esta vez retire por completo su ropa hasta dejarlo solamente con su bóxer negro. Coloque mi boca cerca de aquella parte de su cuerpo que se alzaba amenazante con romper la tela y dejé que sintiera mi aliento mientras mis manos buscaban ansiosas las suyas. Entonces, con mi boca aun recorriendo su pelvis pude atrapar en mis labios el objeto del deseo y mientras deslizaba mi lengua erotizando su piel, pude al fin encontrar sus manos que apretaba y retorcían las sabanas tratando de contener su excitación. Tome sus manos y las entrelace con las mías, sintiendo la fuerza con la que aprisionaba mis dedos, la delicadeza con la que trataba de de no lastimarme, y la inocencia con la que se entregaba a mi.
-“Basta” -, me dijo tratando de contenerse, y como si fuera un rey quien lo ordenara, cese todo movimiento ante su orden y lo mire a los ojos… Con sus manos tomo mi cabeza y me acerco hasta sus labios. Al besarnos durante un momento, dijo: -“Tus labios saben bien” - lo mire y conteste riendo -“Es por que saben a ti” -. Cambiamos de lugar una vez más, esta vez fue él quien me quito los pantalones. Tan pronto sentí su lengua, la humedad de su boca rodeando mi piel, sentí algo que nunca había sentido. Acariciaba su cabello rubio mientras él deslizaba su cabeza. De pronto me senté en la cama, lo levante y lo bese largo rato, recorriendo con mi lengua sus labios, y el interior de su boca. Decidí quitarle la última prenda de ropa que aun portaba. Lo recosté en la cama boca abajo y lo observe detenidamente. No recordaba haber visto hasta ese momento algo más hermoso. Busque y grave en mi memoria y mi corazón cada detalle de él. Desde los dedos de sus pies, hasta la punta del más largo de sus cabellos. Me coloque sobre él y susurre a su oído -“Siete” -, Él me miro sin entender -“Tienes siete lunares en tu espalda” -.Sonrió al escucharme, y con la yema del dedo índice derecho, fui señalando cada uno de los siete lunares, deslizándome suavemente sobre su piel, provocando cosquilleo y luego besando su espalda, su nunca, su cuello.
Seguimos bajo las sabanas, al calor de las velas. Viro un poco su cabeza para verme y me dijo -“Quitate el boxer” -. Lo hice de inmediato y volví a recostarme sobre el. Al fin nuestros cuerpos desnudos se sintieron por completo. Continué besado su espada, respirando en su cuello. Tomó mi mano izquierda firmemente y lleve mi mano derecha hasta su boca. Coloque mi dedo índice entre sus dientes. Ambos respiramos profundamente y entonces lo sentí… El calor de su interior, la sensación de cautividad seguida del dolor que provocaba su mordida. Su mano apretaba fuertemente la mía y nos quedamos así por un momento. Entonces sentí su legua acariciando el lugar que había marcado con su dentadura y comprendí que debía continuar… Seguí besando su espalda, percibiendo el aroma de su cabello, Sintiendo la fricción entre nuestros cuerpos mientras escuchaba nuestra respiración acelerarse poco a poco. Nuestros músculos tensándose mientras sus dulces suspiros comenzaban a dejar escapar sonidos de pasión.
Mientras el ritmo aumentaba, no solo de nuestros latidos llenos de excitación, sino de nuestros cuerpos ahora erotizados al máximo… El tacto de su piel húmeda por nuestro sudor y el sonido de cada gemido que huía de su alma con cada embiste. Retire entonces mi mano derecha, que había estado acariciando su cabello, y la lleve por su contorno bajando por sus hombros, su espalda, su cintura. Sintiendo su calor hasta poder introducirla en ese delgado espacio entre el colchón y su cuerpo. Husmeando debajo de él con mis dedos, hasta apresar en la palma de mi mano su piel, sentir en mis dedos la suavidad y a la vez la firmeza de su ser… Entonces, como una pareja danzando al unísono pudimos sincronizar nuestro placer mientras sentíamos algo que hasta ahora desconocíamos. Pude ver sus ojos y lo besé como nunca antes lo había besado. Fue en ese momento que sentí como toda aquella energía que había acumulado fluyo fuera de mí ser, dejando un enorme vacío que de inmediato fue llenado con una sensación de paz como si el tiempo se detuviera y nada importara excepto él… tenerlo a él… estar con él… ver su rostro incluso con los ojos cerrados y oír su risa en un mundo que parecía virgen de todo sonido… Entonces volví a este mundo, la realidad… y volví a ser feliz, ya que fue su rostro lo primero que vi a mi regreso… sentir su cuerpo suave y relajado… sentir la humedad en mi mano derecha, renuente a abandonar su recién encontrado escondite.
Ese día cambiamos, no solo por la unión efímera de dos cuerpos en uno… Sino por la fusión eterna de dos almas en una sola esencia, de dos corazones en un mismo latir… Ese día fuimos diferentes, y por primera vez pareció estar bien.
Septiembre 8, 2007 en 2:36 pm
Hola! Hey, perdón por haber tardado tanto en comentarte!
Me gustó mucho lo que escribiste, está muy lindo. Espero que sigas escribiendo, que lo haces bien.
Bueno, me despido, espero estés bien y sigas escribiendo. Ya llevas un rato sin darle uso a este espacio y creo que se lo merece, ¿no?
¡Saludos!